El canadiense Kyle MacDonald logró en 2006 una casa sin gastar un euro y sin haberla heredado. Comenzó una cadena de intercambios con un clip rojo y canjeó sólo 14 objetos hasta lograr la vivienda. Cuando se le preguntó cómo había conseguido llevar a cabo permutas tan desiguales, adujo que el verdadero valor de las cosas se mide por la necesidad que cada persona tiene de ellas. Su única tarea fue encontrar al internauta que más precisaba sus pertenencias. Es un caso extremo, pero pone de relieve hasta qué punto Internet ha rejuvenecido la antiquísima práctica del trueque. Siempre hay un internauta que requiere algo que tiene otra persona. Para ponerlas en contacto, han aparecido infinidad de servicios.