La banda ancha móvil es una gran solución para quienes tienen que trabajar mientras se desplazan o residen en zonas sin cobertura ADSL. Sin embargo, implica un esquema de tarifas paradójico, ya que muchas de ellas penalizan el exceso de tráfico de datos o bien limitan el flujo cuando se supera un determinado umbral. Las más asequibles reducen la velocidad de navegación desde 3,6 megabits por segundo, o más, hasta unos 128 kilobits por segundo cuando se sobrepasa el límite estipulado en el contrato. En un súbito frenazo, se pasa de navegar a velocidades acordes con las conexiones ADSL a otras más propias de la era del módem telefónico. ¿Qué estrategias se pueden seguir para exprimir al máximo la conexión en estas situaciones?